Agua es Vida: Minka para los páramos
Los páramos son el ecosistema de gran altitud más diverso del mundo y sólo se encuentran en la cordillera de los Andes, a más de 3.000 metros de altitud.
Se calcula que albergan unas 5.000 especies de plantas y animales, muchas de las cuales son endémicas o no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.
Conocidas como «torres de agua» los páramos actúan como depósitos naturales, captando la humedad de las nubes y la niebla y liberándola gradualmente en arroyos y ríos.
Se calcula que 40 millones de personas, incluidas personas en los Andes Ecuatorianos, dependen de los páramos para obtener agua potable.
Las explotaciones mineras, tanto legales como ilegales, están destruyendo el hábitat, envenenando el agua y el suelo y amenazando la integridad de los ecosistemas de páramo y a las comunidades que dependen de ellos.
Las comunidades locales se oponen.
¿Cómo responder colectivamente cuando el capitalismo racial y extractivo se está apoderando abrumadoramente del mundo?
Con campesinxs mestizxs y comunidades indígenas, imaginamos posibilidades para vivir de otra manera. Mediante prácticas cotidianas que tejen formas no convencionales—a menudo ignoradas— de ser, conocer y hacer, nos comprometemos con el presente y consideramos múltiples historias que buscan y sueñan futuros que merezcan la pena vivir.
En Cuenca se hicieron intervenciones en el espacio público.
Estas intervenciones fueron estetico-pedagogicas . Una exposición de arte y un poster bombing fueron catalizadores de diálogo que insistío en la decisión— a travez de un referéndum constitucional — de mantener las aguas y suelos libres de minería y otras formas de extractivismo.
A través de estas intervenciones estético-pedagógicas, planteamos una pregunta afirmativa persistente: ¿Cómo podemos movilizarnos y crear colectivos a favor de un futuro habitable para todos en medio de proyectos mineros en rápida expansión?
, se formaron diferentes colectivos intergeneracionales de practicas agro-ecologicas y ancestrales para activar procesos que crean presentes más vivibles. Estas prácticas se desarrollan como resistencia a las alternativas infernales que ofrecen el extractivismo minero, limitando constantemente la vida mediante la apropiación de la tierra y el agua. Sembradas en la esperanza de un futuro habitable, estas alternativas de vida se realizan también en el difícil pero vital fluir andino del cuerpo-territorio.
En Saraguro se transformó un muro de la carretera en un poderoso mural que refleja la fuerza y la determinación del pueblo Saraguro para proteger su territorio. Por otro lado, utilizando prácticas ancestrales de bordado, un grupo de mujeres Saraguro bordan con delicadeza y precisión sus memorias colectivas con la tierra y el agua.


